Rehabilitar a un perro que ha mordido puede ser posible, pero el pronóstico necesita una valoración individual. El hecho de haber mordido es un dato importante; no basta por sí solo para concluir que no hay opciones ni para prometer que el problema desaparecerá. Necesito conocer qué ocurrió, a quién se dirigió la agresión, qué lesiones hubo y cómo es la convivencia.
En Roblezal trabajo con problemas de agresividad canina. Cuando una familia me consulta después de una mordida, distingo tres cuestiones: la seguridad inmediata, las posibilidades de modificar la conducta y las condiciones necesarias para mantener los cambios en la vida cotidiana. Aquí explico qué información utilizo para estudiar esas posibilidades.